Cap. 10 - Querida, "llegué"





El miércoles a las 11 de la noche recibo un mensaje al celular que decía, textualmente: "Me encantan tus manos, deben agarrar fuerte ¿no?"


Miré el número detenidamente, no era conocido... pero una gran manía mía es la de tener todos los contactos perfectamente agendados para identificar en segundos a la persona que no quiero atender, así que debía tratarse de una incorporación reciente. Ahí fue cuando recordé que el fin de semana pasado había tenido un cruce fugaz con Ariana Laura Pastillas Alcohol, cuando bajaba del auto. Ella se estaba retirando y parecía bastante apurada. Se volvió para saludarme y me preguntó si no tenía inconvenientes en darle mi número. No vi mayores problemas, así que se lo di. Seamos sinceros: más que un problema, era una especie de milagro digno de la villa de la Sanación ¿Por qué razón esta mujer descendiente directa de Afrodita tendría tanto interés en hablar conmigo? No es que tenga problemas con las mujeres, todo lo contrario, siempre fui un hombre de mucha suerte en este aspecto... pero ser un alcohólico en tratamiento resta algunos puntos.

Quedé algo desconcertado por el mensaje. "Manos fuertes" me repetí... y aunque no capté la intención desde un principio, no me llevó mucho tiempo responder: "Si, de hecho son bastante fuertes, tienen la costumbre de agarrar con firmeza". "Mmm, con firmeza..." respondió ella. Sabía perfectamente que yo había entrado en su juego. Todavía no conocía las reglas, pero  estábamos hablando de lo mismo.

Empezamos a enviarnos un mensaje tras otro, todos crípticos al ojo ajeno, pero perfectamente entendibles para nosotros:

“Esa firmeza debería medirse en lugares húmedos.”

“Cuidado con la perra. Muerde.”

“¿Te gusta Brasil?. Es un estilo que me gusta lucir entre mis piernas.”

Esos fueron algunos de los mensajes... Claro que respondí a todos y cada uno mientras empezaba a sentir cómo el calor poco a poco asaltaba mi cuerpo. Alguno de esos escritos me obligaron a bajar una mano para calmar la dureza que latía en mis pantalones... más de una vez.

Esto pasó durante gran parte de la noche del miércoles y del jueves, por lo que yo ya había entrado en un estado de excitación importante... El viernes, Ariana decidió arrancar la mañana con una llamada:

- ¿Es  temprano para contarte que tuve un sueño con vos que me dejó muy mal?

Silencio expectante de mi parte. La respiración se me aceleró al toque.

- Iba a tu casa -continuó, sabiendo que tenía toda mi atención. - Llevaba uno de mis vestidos cortos, el blanco, no sabés los problemas que tengo con él, se me nota toda la ropa interior... Me comiste la boca ni bien abriste la puerta, tiraste mi bolso a un lado y me alzaste contra la pared... Asomó a tus labios esa sonrisa de lado, tan siniestra pero a la vez electrizante y, en un segundo, tu cara desapareció en mi escote, mientras tu lengua buscaba mis pezones.  

» Sentí la dureza entre tus piernas y me enloqueció. Te ayudé a liberarla pero decidiste alargar el juego, torturarme con las ansias, acariciándome con tu miembro dentro de mis muslos pero sin penetrarme. Yo me desesperaba por tenerte adentro y vos no dejabas de jugar... Hasta que me llevaste cerca de la  cama... me diste vuelta y me ordenaste que me inclinara... Obediente como soy, así quedé por un rato... el vestido levantado, los tacos puestos, la cola al aire, esperando. Volviste con un par de juguetes....

» De un momento al otro estaba esposada, mi cara contra el respaldo de la cama, vos introduciéndome un consolador por delante mientras me lubricabas la cola con tu saliva para  hundirte en mi con malicia. Me arrancaste un gemido bien fuerte y me di vuelta para mirarte a la cara, tus ojos me lo decían todo, el anhelo imparable, tu mano en mi cadera, poseyéndome como un loco. Grité de excitación.  

» Cuando me desperté, hervía. Tuve que tocarme, no lo pude evitar y abajo de mis sábanas terminé lo que vos habías empezado. Si te hubiese tenido al lado mío, en ese momento...
Dejó en pausa la frase, esperando una respuesta de mi parte.

- Ese... fue un sueño muy loco... Ariana -fue todo lo que alcancé a articular con una garganta seca de tanto contener la respiración. No aguantaba más las ganas de tenerla en mi cama. Las imágenes vulgares, la descripción de situaciones tan precisas. Y sabiendo que era muy capaz de hacer realidad todo lo que relataba...

Una tentación terrible. Pecaminosa.

Pecar no es un problema para mi, no soy creyente.

¡Por fin esto se ponía interesante! Tanto sanatorio, tanta iglesia adventista, tantos médicos dando vueltas. Por un momento, creí haberme internado en una clínica de rehabilitación para alcohólicos.

Me gusta el arte. Soy un tipo que se puede definir como “artístico”, y eso transpira en mis fotos, mi música y mis textos. Pero todo tiene un límite, y el límite llegó. Ya era hora de terminar con todo el drama literario de este blog y hacer de uno de los capítulos una buena noche de fin de semana, cuando menos UNA.

¿Tendría marido? no es que me preocupara realmente. Si su marido no sabía cuidarla, no era algo en lo que tuviese que meterme. Pero sí me interesaba estar libre de problemas en el sentido de que no quería lidiar con el timbre sonando como la 5ta sinfonía de Beethoven preso del señor dueño de la orquesta a los gritos tras la puerta, reclamando el instrumento de su pertenencia. Una escena violenta tampoco me amedrentaba, en última instancia, todo se resolvería cuando ella volviese con su esposo, listo. Pero, entiendan, molestarme a mi, en mi casa, alterar mi paz... podría ser contraproducente para el tratamiento y realmente estaba intentando mantener todo en perfecto orden para seguir lo más lejos posible de la bebida.

Continué manteniendo el juego caliente, disimulando mis dudas para que, una vez estuviese  decidido, todo siguiese su rumbo.

Dicen que la carne es débil y como yo no soy quién para contradecir los dichos populares finalmente levanté el celular y envié el mensaje.

“Te espero el sábado en mi casa”

“¿Éste sábado?”

“¿Alguna objeción?”

“Si, varias.”

“¿Cuáles?”

“La dirección, la hora... y qué tenés planeado hacerme”

Le pasé mi direccion, tenía un viaje de 45 km aproximadamente, a lo que me indicó que ya lo tenía resuelto. En cuanto al último punto de su petición, juro que me vi tentado de responder algo como “...Nada, vestirme de teletubbie y hacerte una coreografía con sus canciones, incluye los grandes éxitos...”, o “...Es que compré entradas para una obra de teatro, se llama ‘Preguntame algo más estúpido’ ”.

Sí, claro que su pregunta fue intencional, pero no se puede azuzar así a un tipo que sufre de sarcasmo compulsivo.

Contesté con un simple “Desnudarte apenas llegues” y obtuve “Eso espero” como respuesta.

Llegó el sábado, yo ya tenia todo listo, me había encargado de dejar la casa en condiciones para que no se notase el desorden en el que vivo habitualmente. No es que me guste que todo esté fuera de lugar, pero últimamente ando con pocas ganas de hacer cosas y, sobre todo, cualquiera que tenga que ver con limpieza.

Sonó el timbre, abrí la puerta y ahí estaba, con su vestido blanco apenas por encima de la rodilla, de tela liviana y casi traslúcida, tacos altos, y un peinado muy cuidado, mix de lacio y bucles que denotaba un buen rato en la peluquería.

La miré fijamente a los ojos y luego bajé la vista unos minutos, dándome todo el tiempo para recorrer su cuerpo. Sonreí de lado con un gesto que decía “¡Bravo, nena, muy buen trabajo!”

La tome del brazo para ayudarla a traspasar el umbral mientras ponía llave a la puerta. Lentamente fui dejando caer mi mano en su cintura y me acerqué para besarla. Apreté con firmeza su  pelvis contra la mía y tomé su pera para sujetar su rostro mientras pasaba mi lengua por sus labios, la besaba de manera profunda e intensa durante segundos que parecían décadas, y luego volvía a lamer sus labios suavemente.

Empecé a sentir como me salía de mis cabales, la di vuelta bruscamente contra la pared y le levanté el vestido mientras ella bajaba su ropa interior. Comencé a frotar su entrepierna con mi mano mientras ella iba subiendo el nivel de gemidos; alzó un brazo y lo cruzó por mi cuello para llevar mi oído hasta su boca, así escuchaba cómo iba subiendo de a poco el ritmo de su respiración. La penetré sin delicadeza. No había lugar para la suavidad en ese momento. Embestía sus muslos mientras ella empujaba hacia mí con más violencia. Su cuerpo me estaba volviendo loco, pero la curvatura que se formaba justo en la unión de su espalda y su culo me tenía extasiado, era perfecto, una total obra de arte. Yo era un nene, un nene con un juguete nuevo. Miraba su perfil tan cuidado, el pelo que caía sobre su rostro, todo parecía dibujado sobre un lienzo. La atracción principal del museo del Louvre apoyada en mi pared.

Como capitán, soy el único con derecho a manejar el timón, y se sigue mi rumbo hasta que yo decida cambiarlo. Convertí sus caderas en mi mando para manejar el barco y la giré contra mí para besar sus senos, no había dejado de admirarlos desde la primera vez que los ví. Se sentían tan duros que decidí morder un poco sus pezones, y esto no hizo más que aumentar su excitación a tal punto que sentí como sus uñas se iban clavando en mi espalda. - ¡Mordeme! - exigió. Tiré de sus cabellos con firmeza - Yo soy el único que da órdenes - y sonreí para minimizar un poco el efecto de mi obsesión por el control.

La mesa quedaba a unos pocos metros de la pared de la puerta de entrada y quise continuar mi juego ahí -la había imaginado como uno de los posibles escenarios, por lo que me encargué de dejarla completamente vacía-. Mientras la besaba sin darle respiro, la fui acercando hacia ese mueble hasta que pude acostarla por completo, me fui alejando lentamente de su boca, besando su cuello, intercalando mordidas, empecé a jugar con un dedo en el volcán que se había transformado su púbis, manteniendo la zona lo más húmeda posible, mientras con la otra mano reclamé una de sus tetas, la succionaba y por momentos la mordisqueaba sólo para disfrutar de sus gemidos. Lamí bien mi dedo y se lo introduje lento por detrás mientras ella se arqueaba y daba vuelta los ojos en señal de placer. Dejé una mano en sus pechos y empecé a lamer su entrepierna, desde abajo hasta arriba, haciendo gala de este otro órgano que tan bien sé usar para que lo sintiera en toda la superficie de su vulva. Intentó levantarse para hundir con fuerza mi cabeza contra su pelvis, pero la volví a recostar violentamente en la mesa, haciendo contraste con mis movimientos infinítamente suaves y lentos, muy lentos, entre sus labios aterciopelados. Apretaba su pezón bien fuerte, y mantenía mi dedo en su ano, entrando y saliendo sin parar. Ofreció resistencia un par de veces hasta que se rindió y se entregó por completo. Gritó, aulló, mientras llegaba al clímax por segunda vez.

Me encanta el juego previo, todo lo que genera, el choque de sentidos, y ella lo estaba disfrutando tanto como yo. Decidí alzarla de la mesa y llevarla a la cama, la recosté y le ofrecí algo de tomar... sin alcohol por supuesto. Aceptó un poco de agua. Como corresponde, dejé que termine de hidratarse e inmediatamente me paré exponiendo mi miembro frente a su rostro. Tenía cierta curiosidad sobre lo que podía llegar a hacerme esa boca... ya había comprobado que para decir groserias funcionaba a la perfección. Minutos después, comprobaba que también era excelente para la felación.  

Para cumplir su fantasía, le pedí que me esperara y aparecí con un consolador tamaño normal, nada del otro mundo, tampoco quería generarme competencia yo solo, no soy tan pelotudo.

- ¡Ah, bueno! te acordaste! - rió complacida. La di vuelta, y ella sólo se quedó quieta mientras le levantaba la cola y comenzaba a lubricarla, espiándome sobre su hombro para atestiguar en detalle cómo comenzaba a tornar su sueño en realidad. Quizá pensó que alternando las miradas de reojo con el espejo de la pared no me daría cuenta de que no me sacaba la vista de encima, pero podía ver lo encantada que estaba con la situación, lo percibía en el brillo de sus ojos, en la sonrisa que no podía evitar. Intentaba brindarme un gesto serio y sensual, pero no lo lograba, su fascinación no le permitía evitar sonreír todo el tiempo.

Cuando estuvo lista, empecé la doble penetración. Retorció las sábanas - ¡Por Dios! - clamó. Ahora sí había entendido quién manejaba el juego. - ¡Dios mío! ¡Si! ¡Cómo te siento! ¡Más adentro! ¡Más! ¡Más fuerte! - los gritos siguieron en aumento al ritmo de mis arremetidas. Los movimientos se hicieron más bruscos, las acometidas, más violentas, el desenfreno se apoderó de nuestros cuerpos... hasta la explosión. Y luego, el silencio absoluto.

¡Qué hembra, por favor!

Así continuó la noche, alternando charlas sobre un poco de todo, de la vida, de nada... Seguimos revolcándonos, continuamos hablando, volvíamos a revolcarnos.

Eran las cuatro de la mañana cuando sonó el timbre, claro que no tenía ni puta idea de quién podía ser. Se me ocurrió preguntarlo en voz alta a través de la persiana: -¡¡¿Quién es?!!

- ¿Laura Machado está acá? - contestó una voz grave.

- ¿Quién es? - insistí.

- ¡El marido! ¿Está acá?

“…No Einstein, el auto que está en la puerta, con la patente del auto de tu mujer es de James Bond...”, pensé.

Volví a la habitación. Ariana Laura Pastillas Alcohol había escuchado cada palabra y, sin embargo, no mostraba ninguna sorpresa en su rostro. Peor aún, parecía disfrutarlo.

¡Puta madre!
 

10 comentarios:

  1. GENIO!!!!!! me encantaaa como escribisss!!

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  2. Idol@... quiero encontrarte pronto, y no encontrar sorpresas en tu rostro!

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  3. Idolo total!! Confieso que me re calente cuando lo leí, lastima estoy solita

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  4. Que grande maestro, castigue!

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  5. Hisiste feliz a un marido está noche ley doy una alegría

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  6. ciertas partes del relato me recordaron a "La insoportable levedad del ser", muy bueno!!!

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  7. sos una masa!!!!!!!!!!!! tengo q ir urgente a lo de mi novio,lo necesito despues de leer esto =)

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