Este mes, sin duda, la cuenta de luz iba a ser extraorbitante. El aire acondicionado estuvo prendido casi todo el día. No soporto el calor... Pueden apuntarlo a la lista de las millones de cosas que me molestan. Esta ciudad es la siguiente escala después del infierno, es el lugar donde te mandan si hiciste las cosas realmente mal... acostarte con la mujer de tu vecino en su cama mientras él está arreglando tu auto en su taller es un pecado leve para merecer esta ciudad.
El olor del asfalto bronceado por el sol durante toda la tarde, el viento hirviendo que camina entre la ropa hasta volverse insoportable, la humedad que brota desde los pisos elevándose como el rocío en la mañana ¿Cómo alguien podría disfrutar vivir en un lugar así? No lo entiendo.
Había estado obsesionado con una banda: “Mad Season”, un super grupo según lo definen porque estuvo formada por miembros de otras bandas exitosas como Pearl Jam y Alice in Chains. Y como no podía ser de otra forma, sus canciones son de dudosa procedencia; alcanza con saber que el nombre “Mad Season” define a la época donde se recolectan los hongos alucinógenos. La cuestión es que hacía más de un mes que había realizado mi pedido online y este CD original todavía no llegaba. Perdí horas acomodando los parlantes para disfrutar de esas canciones, limpié a fondo la habitación para que nada perturbara mi concentración en la música. Pero bueno, acá estoy esperando...todavía.
Y hablando de cuentas, no estaba seguro de haber pagado todas. Estas pastillas “anti” alcohol generan una especie de desorden temporal importante. Estaba esperando que me cortaran el teléfono en cualquier momento para darme cuenta que se me había pasado abonar la factura.
¿Compré la comida para perros?
En fin, eran las cuatro de la mañana y ahí estaba sonando el timbre de mi casa, con Ariana Laura Pastillas Alcohol vistiéndose en mi habitación y el marido del otro lado, limitado por una pared de 30 centímetros de distancia, que en ese momento parecían una delgada línea entre el pre caos y el caos absoluto. El timbre sonaba frenético, seguramente estaba tarareando alguna melodía de Zeppelin remixada por algún DJ de moda, parecía aumentar de volumen hasta aturdirme.
- ¡Abrí la puerta!!!
- ¿El marido de quién?
- De Laura Machado
- Si, si. Voy - Me acerqué hasta el cuarto y empecé a mirar fijamente a Laura; estaba decidiendo si enterrarla en el patio antes de que el marido se encargase de joderme la poca paz que había logrado en estos días. En el fondo sabía que esto era una mala idea, las diosas solo bajan del Olimpo para mezclarse con los mortales por venganza y ésta no iba a ser la excepción. No necesitaba explicaciones, ya todo se estaba aclarando en mi mente, de a poco....
- ¿Tu marido?
- Es que le dejé una nota.
- ¿Una nota? ¡¿Una nota sobre qué?! Sería una buena idea que me empieces a explicar qué está pasando.
- Le dejé una nota diciendo que iba a estar acá, en tu casa.
- ¿Vos le dejaste una nota, a tu marido, revelando que ibas a estar en mi casa? ¿Jodeme!
- Si, Jorge, le dejé una nota a mi marido, diciendo que estaba acá - repitió como si le estuviese hablando a un chico de 4 años.
- ¡¿Qué carajo te pasa?! - estallé.
- No te preocupes, se lo merece. ¿Me abrís? - ni se inmutó.
Así es como después aparecen los titulares: “Triángulo amoroso: fallece mujer en Santa Fe”. Esperen, tengo uno mejor: “Marido furioso vació cargador contra el amante de su mujer”
- Sí, Laura, te abro.
Fui caminando hasta la puerta principal delante de ella, esperando que emitiera algún comentario, algún tipo de explicación que, por supuesto, no recibí... El timbre no paraba de taladrar con sus chillidos el silencio de la estancia... Todo pasó tan rápido y, sin embargo, se hizo eterno...
¿Cuántas veces me había encontrado en la misma situación...? Recibiendo el castigo por una mala decisión. Recuerdo que en mis épocas de rebeldía absoluta tenía una frase para estos casos “mala decisión, si, pero mía”. Estaba obsesionado con el control, me molestaba por sobremanera que intentarán limitar lo que tenía que pensar, o que trataran de imponerme esquemas ya establecidos de sistemas viejos, anticuados, que ya no sirven para las nuevas generaciones. Con los años me di cuenta que es preferible tomarse el tiempo para evitar malas situaciones... no digo que no sean necesarias, sólo que, pasado un tiempo, es mejor evitarlas; el acto puede darse en un segundo, pero sus consecuencias, durar años. Y este temita de las consecuencias nunca me causó mucha gracia.
Lo interesante de todo esto, es que mis problemas más grandes siempre tuvieron nombre de mujer.
Tomé un poco de aire y cerré un segundo los ojos mientras Ariana Laura Pastillas Alcohol miraba para otro lado. Giré la llave una vez, miré al techo y empecé a girarla por segunda vez, sabía que lo más probable era que el marido se me tirara encima apenas abriera la puerta, así que tenía que estar listo, me gustara o no.
Siempre me consideré una persona agresiva encerrada bajo unas buenas barras de metal reforzado, lo que a una distancia considerable podría pasar por pacífico... y, sinceramente, los gritos y timbrazos de este tipo ya me estaban llevando al límite. Mi puño se cerraba de a poco mientras mi lado oscuro se empezaba a filtrar otra vez por mis venas, a circular lentamente hasta la punta de mis nudillos. No quería problemas, pero de repente me encontré deseando terriblemente que cruzara la puerta para golpearlo con toda esta bronca y frustración que me genera el no poder tomar una simple e inofensiva cerveza.
Ella me miró mientras introducía la llave, y me besó de forma casi enfermiza, no parecía estar muy alterada con la situación. Antes de despegar sus labios de los míos me susurró “no le pegues, yo me encargo”… ¿De dónde había sacado eso? ¿Las adicciones de Laura se habían conjugado de tal forma que le brindaban poderes psíquicos?
- No pensaba hacerlo - mentí.
Cuando abrí la puerta, el marido ya no estaba en el umbral como me lo estaba imaginando, sino atrincherado detrás de la puerta abierta de su auto. Fue ahí donde pensé que lo más probable era que tuviese un arma. Con mi suerte, se trataba de un experto tirador y podía acertar a esa distancia justo entre medio de mis cejas.
Laura empezó a caminar decidida mientras el marido gritaba. Yo miraba fijo la escena, había quedado shockeado, dejé de escuchar lo que hablaban, mi visión empezó a focalizar desapareciendo todo lo que tenía alrededor, debí cerrar la puerta y aprovechar la situación, sin embargo quedé expectante, mi cabeza no lograba procesar nada de lo que estaba pasando. Mientras Laura se acercaba hacia su vehículo, el marido empezó a caminar hacia ella, y puede que esté loca, pero si él llegaba a levantarle la mano en mi presencia, no iba a soportar la escena y ahí es donde todo se va a ir a la mismísima mierda. Sin embargo, cuando el tipo atinó a tocarla, Laura le quitó la mano sin dejar de caminar y se subió a su auto. El marido quedó tan pintado como yo. Se fueron.
Cerré la puerta y busqué mi bolsa con pastillas. Esto no iba a ser fácil de tragar sin alcohol, 2 Lyrica y un Revez iban a ser suficiente, puede que no sirvieran para nada, pero con el efecto placebo me alcanzaba. Apagué las luces, me fui hasta mi habitación y prendí un cigarrillo. A oscuras me quedé pensando en qué puta había pasado. Dormir no era una opción en ese momento, es casi imposible dormir cuando algo te altera, es un don que muy pocas personas ostentan.
Ahora, todo estaba igual que antes. Solo, sentado, mirando las sombras que genera la luz del cigarrillo en el espejo. Igual que antes, en el mismo lugar, el mismo desastre de siempre... pero sobrio. Arruinar las cosas es algo que puedo hacer sin el más mínimo esfuerzo.
Y todo sigue en el mismo lugar.
¿Compré la comida para perros?





