Cap. 3 - Razones


Ahí estaba, a un paso de entrar a una charla de 45 minutos estrictos que suponía iban a cambiar mi vida por completo, pero ¿que me hizo llegar a este punto?
Cuatro es el número estigmático: la mayor cantidad de días que pude estar sin tomar alcohol. Muchas cosas pasaron antes que siquiera pensara en mantenerme fresco unos días, varias de éstas fueron historias de las que uno cuenta con gracia entre amigos o para romper el hielo en una charla. Contadas por separado y sin línea temporal resultan graciosas, aunque podrían perder toda la gracia si se ven desde un panorama completo.
Hace unos cuantos años salía de una fiesta, de esas que por unas monedas te dejan tomar hasta quedar quebrado en el piso y, de hecho, la mayoría lo consiguió.
Yo estaba acostumbrado a tomar en grandes cantidades, un promedio de 6 litros de cerveza diario, lo que hizo que pudiese tomar más que la media sin esfuerzo. Cargué unos vasos y me los llevé de camino a casa. Por suerte vivía a unas cuadras, por lo que pude llegar… a los tumbos, pero entero. Aunque, sinceramente, no sé si llegué gracias a mi tolerancia alcohólica o porque volví con unos amigos que probablemente se encargaron de que llegara a mi departamento que, por suerte para ellos, quedaba en el segundo piso del edificio. El 2E. 
A las 6 am, desperté en la ducha mientras el agua caía incesante en mi cabeza. Traté de despertar, no enfocaba, no entendía qué estaba haciendo ahí tirado. No sabía qué pasaba y tenía un terrible dolor de cabeza. ¿Alguien me había dejado completamente vestido bajo la ducha y se había ido? ¿Había llegado por mi cuenta y por alguna razón había decidido darme un baño de agua helada para despabilarme?
El lugar era un desastre. Inundado por completo. Muebles mojados, el colchón -que siempre estuvo tirado en el piso porque me resistía a comprar una cama-, estaba completamente empapado en agua, como si Noé hubiese pasado por ahí, olvidando el detalle de subirme al Arca. 
Por desgracia, la explicación era mucho más sencilla que aquella que contemplaba un escenario de parejas de animales subiéndose a un barco enorme guiados por un salvador de la humanidad… Simplemente había quedado tendido sobre el piso, tapando por completo la rejilla donde desagota el agua. Esa vez, el destino estuvo de mi lado. La próxima, podría morir electrocutado en un cortocircuito provocado por la humedad y los aparatos conectados a lo largo y ancho del lugar.
¿Azar? Tal vez. Pero de inundar un departamento a incendiarlo hay solo un par de vasos de diferencia. Como el día que puse unas hamburguesas sobre la plancha de la cocina y me quedé profundamente dormido sobre la mesa. Esa vez desperté con un estímulo un poco más fuerte que el agua: sirenas de bomberos, el golpe desesperado de la puerta y los gritos de los vecinos sumaron un poco más de dramatismo a la escena.
Una cosa era cierta, las cosas se estaban saliendo de control.
 

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